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viernes, 1 de febrero de 2013

BURBUJAS NEOLIBERALES EN CHILE. O por qué Piñera amasa una de las 10 fortunas más grandes del planeta.

No hace falta una incursión muy detallada por las calles de Santiago para comprender el proceso que atraviesa el país. Si, además, te detienes a hablar con la gente y preguntas acerca de la subida de los precios en la alimentación o la vivienda, la concesión de créditos o el uso universalizado de las tarjetas bancarias, el resultado es aún más evidente. Muchas son las similitudes con la España del ladrillazo en la época en que todavía no se había evidenciado la crisis. La supuesta bonanza económica que atraviesa el país, fruto especialmente del sector de la minería y de la presencia de empresas clave en otros países de su área de influencia, ha propiciado, aquí también, el despertar de la avaricia de las élites financieras, eligiendo el sector inmobiliario como el principal área de especulación económica. El resultado directo: el encarecimiento desorbitado de las viviendas que son anunciadas como la mejor inversión posible de cara al futuro al asegurar que es un bien en constante crecimiento. ¿Nos suena, no?

Si a este aspecto le añadimos otros ingredientes característicos de la doctrina neoliberal fuertemente arraigados como la privatización de la sanidad y de la educación, una cobertura social precarizada en la atención a lxs más vulnerables y una ideología individualista que promueve el “sálvese quién pueda”, el escenario que se vislumbra está muy lejos del que parecen mostrar los carteles publicitarios que se agolpan en el centro de la capital. Sin embargo, y exceptuando las fuertes movilizaciones en el terreno educativo llevadas a cabo por lxs estudiantes, el clima social generalizado no parece tener en cuenta la posibilidad de una crisis sistémica como la que sacude al sur de Europa. Si bien existen diferencias importantes respecto a la situación del Estado español (como por ejemplo en cuanto a la dependencia energética o el envejecimiento de la población), lo cierto es que estos indicadores deberían, cuánto menos, poner en alerta a sus habitantes en relación a un futuro inmediato.

Sebastian Piñera, presidente de Chile.
Chile, un país que ha servido de laboratorio social para los impulsores del neoliberalismo desde los tiempos de Pinochet, representa a la perfección el alma y la esencia del capitalismo más salvaje, con una máscara cosmética de opulencia tras la cual se esconde la realidad de millones de chilenos que viven en situación de pobreza material y con el anhelo del consumismo más exacerbado. Su actual presidente, Piñera, encarna los valores del sistema dominante. Es una de las diez personas más ricas del mundo (según la revista Forbes), un liberal autoproclamado que gusta de exhibir sus posesiones y el derroche con que alimenta su existencia. Sin duda alguna, este personaje describe a la perfección al adalid de aquella doctrina del shock que apuntó de forma brillante la periodista Naomi Watts y que tiene como fin último la privatización de los bienes y servicios que una sociedad acostumbra a utilizar en su día a día en pos del beneficio empresarial.

Los pacos, los carabineros de Chile.
Para acabar de completar el rompecabezas falta descifrar la última pieza. ¿Cómo si no podría aguantar las clases más desfavorecidas esta polarización y creciente desigualdad? Por más que el sostén ideológico de las democracias modernas se encuentre en el aparato propagandístico vía medios de comunicación, el poder del miedo actúa como medicamento complementario para cerrar el círculo. Bien lo saben estas tierras del centro y el sur del continente americano; las porras y las balas eliminan los rastros de disidencia que el aparato mediático no es capaz de asimilar. En efecto, la policía chilena, los pacos, son reconocidos en todo el continente por su fama de duros y violentos. Así se entiende mejor que la burbuja de la desigualdad social (no sólo hay burbujas inmobiliarias) no estalle y se abran nuevos horizontes en las alargadas tierras chilenas.


Más info:
- Vídeo "La Doctrina del Shock": http://www.youtube.com/watch?v=Nt44ivcC9rg
- http://www.24horas.cl/economia/preocupante-alza-registran-las-propiedades-en-santiago--191202
- http://www.elciudadano.cl/2010/12/25/30484/pinera-el-viejo-pascuero-de-los-capitalistas-%C2%A1a-privatizar-el-agua/
- http://www.diarioantofagasta.cl/el-pais/10289

domingo, 20 de enero de 2013

FRONTERAS EN EL MAR. O cómo la amenaza de guerra contra Perú planea sobre las conciencias chilenas.

Mapa del conflicto
Atravesar el tramo que separa Tacna (Perú) de Arica (Chile) supuso uno de los momentos más locos del viaje. A ambos lados de esa línea imaginaria que supone cualquier frontera el terreno desértico y áspero se empeña en contradecir las diferencias del discurso nacional. Diferentes países para una misma tierra; sus pobladores tienen más rasgos en común que diferencias. Por ejemplo, ser, para sus respectivos Estados, meros apéndices funcionales; orillas de sus metrópolis que cumplen la función de contención y desagüe. Sin embargo, la actual situación fronteriza tiene tintes dramáticos. Los túneles construidos desde el borde chileno parecen ser un hervidero en estos días repletos de maniobras a la espera de la orden ministerial que de comienzo a un enfrentamiento que se atisba inevitable. Lo que más curiosidad me despertó fue lo recurrente del tema en las conversaciones habituales a partir de Arica, circunstancia que se contraponía a la nula presencia del mismo en las charlas de sus vecinos del Norte. Pareciera como si el chileno medio (si es que acaso existe ese concepto) deseara una confrontación militar con el Perú, o al menos eso se desprende de las variadas conversaciones que mantuve a lo largo de este país.

El conflicto tiene su origen en la guerra del Pacífico, de 1883, que terminó sin un acuerdo específico sobre la división marítima entre ambos países y que propició efectos negativos especialmente para un tercero en discordia, Bolivia, que perdió una importante extensión con salida al océano incluida. No obstante, el pequeño país andino parece tener bastante con la miseria y la explotación que padece. La cuestión es que el caso llegó al Tribunal Internacional de La Haya, en vista a la reiterada negación por parte del gobierno chileno de comenzar las negociaciones con su homólogo peruano. Sin embargo, este hecho no supone nada significativo para una parte (importante parece) de la población chilena que no contempla la posibilidad de revisar sus fronteras marinas y vería con buenos ojos la posibilidad de la guerra. Más allá de las consideraciones técnicas y legalistas, mi espanto se produce al comprobar la sin razón bélica justificada desde esa especie de opinión pública. El ejecutivo de Piñeira ya ha corroborado que, sea cual sea la decisión que se tome en el Alto Tribunal, ellos no acataran una resolución contraria a sus intereses. Es decir, si les dan la razón genial; en caso contrario, que Perú se prepare para una acción invasiva.

El negocio empresarial de las guerras es el más macabro rostro de la lógica capitalista. Chile lo sabe, y como buen baluarte de la doctrina neoliberal, reconoce en el enfrentamiento una interesante vía de aumentar los rendimientos de su industria militar. Además, es consciente de la ventaja tecnológica y logística respecto a su previsible adversario que se haya tremendamente mermado en este terreno debido a su situación interna inestable y a la corrupción gubernamental fuertemente arraigada que ha llegado al absurdo de adquirir aviones de combate que ni podían volar y carros de asalto que no arrancaban. Las guerras son escenarios indeseables pero en este caso, además, nos encontraríamos ante una guerra desigual y desleal. Cabe destacar que Chile ejerce un poderoso control sobre otros países de su entorno en su papel de potencia patrocinada por el poder financiero mundial dentro de su marco de influencia siendo Perú el país en el que la invasión económica es más pronunciada. Numerosas empresas ejercen a través del dumping el empobrecimiento sistemático de la economía nacional peruana en diversos campos, especialmente la alimentación y el transporte. Todo esto ocurre, por supuesto, con el beneplácito del gobierno de turno en Perú.

Pescadores chilenos y peruanos hermanados.
Así pues, una vez más, el resultado es el esperado. Ciudadanos enfrentados por sus gobernantes y por los intereses económicos que los controlan y que deciden desde los cómodos despachos de Santiago y de Lima mientras se sientan a ver cómo crece la crispación, el odio y las mentiras cruzadas para asentar en el imaginario colectivo que la guerra es el único medio deseable para mantener los intereses nacionales a salvo. Mientras escribo esto me pregunto por esas gentes que, de uno y otro lado, sobreviven a ambos márgenes de la frontera. Me pregunto por esos convecinos que viven separados por unos cuantos metros, que comparten un mismo idioma, un mismo pasado de invasiones y muerte, una misma tierra de dunas y mares helados... un mismo océano en el que pescar. Y es que, al final, ese es el fondo de todo. 
¿Quién tiene más derecho a explotar esas aguas? 
¿Hasta dónde llega la sin razón para enfrentar a estxs pescadorxs que comparten una misma tierra? ¿Acabaran a tiros, de nuevo, lxs pobres de ambos países?

Más info:
- http://mexico.cnn.com/mundo/2012/12/06/chile-y-peru-buscan-en-la-haya-acabar-con-un-conflicto-de-mas-de-120-anos
- http://www.larepublica.pe/02-12-2012/en-arequipa-temen-guerra-si-peru-gana-en-la-haya 
- http://www.larepublica.pe/02-12-2012/la-frontera-que-no-los-separa
- http://fahrenheit2012.wordpress.com/2012/12/05/predicciones-de-una-guerra-de-chile-contra-peru-luego-del-fallo-de-la-haya/
- http://www.guioteca.com/internacional/claves-para-entender-el-conflicto-chile-peru-ante-la-haya/
 

martes, 30 de octubre de 2012

LA ESCALOFRIANTE MILITARIZACIÓN DE COLOMBIA. Apuntes sobre un estado de sitio encubierto.

Colombia es un país tomado por las armas. Es imposible abstraerse a la aglomeración de polícias y soldados que se acumulan en las plazas, calles y carreteras a lo largo y ancho de su territorio. Con una dotación cada vez mayor de efectivos (625.000 efectivos en el año 2010) la excusa de la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla ya no es creíble. Un oscuro negocio, auspiciado por su socio del norte, se erige en el centro del vendaval, con una sociedad civil cada vez más cansada de las miserias diarias que ha de soportar en pos de una supuesta seguridad que no se traduce en los hechos. Las estadísticas dicen que en Colombia no solo no han descendido los pequeños delitos sino que han aumentado; la guerrilla sigue activa y el los grandes beneficiarios del tráfico de drogas (en ambas trincheras) campan a sus anchas. Sin embargo, las inversiones extranjeras en armamento y equipaciones no paran de aumentar y, si bien es cierto que la gente ve con otros ojos la política de interior del gobierno de Santos (el actual presidente) respecto de la de su predecesor Uribe, el hartazgo es generalizado ante las constantes vejaciones (cacheos, inspecciones de autos y buses, detenciones arbitrarias...) y violaciones de derechos humanos. Sin contar con la proliferación y consolidación de los grupos paramilitares que ejercen la ley del terror en vastas regiones del interior del país.

En un solo trayecto llegué a vivir el absurdo de 3 retenes consecutivos en menos de 30 km que nos hicieron bajar y ser revisados, como si todo ese dispensario en equipamiento no sirviera para comunicarse por radio y avisar de que tal autobus esta limpio. La gente esta cansada. Además, los abultados sueldos de las fuerzas represivas y su actitud de superioridad generalizada respecto de los civiles va causando mella en la sociedad, que poco a poco va aumentando su desprecio por unas fuerzas armadas que no sienten como suyas. Todo atiende a una estrategia sistémica en la que mandan las grandes fortunas y los intereses de los grandes propietarios que ven en las reclamaciones históricas de la guerrilla (muchas veces encarnadas en sectores de trabajadores en la actualidad y ya no en la propia guerrilla) una amenaza patentehacia sus intereses. Si bien es cierto que esta última no ha hecho más que ganarse a pulso la indiferencia popular (cuando no el rechazo), una parte creciente de la sociedad va comprendiendo que todo es una farsa y que el dinero que es invertido en defensa bien podría destinarse a luchar contra las causas de un conflicto que no deja de ser el conflicto de siempre, el conflicto de cualquier parte: el injusto reparto de la riqueza y la acumulación de esta en pocas manos que no hacen más que perpetuar su status sin reinvertir sus ganancias en mejorar las condiciones de la vida del país.

Una juventud cada vez más consciente de su papel en este juego pone de manifiesto cada tanto la inoperancia de un sistema injusto y recibe balas a cambio. Bien lo saben los estudiantes de Manizales, de Medellín o de Bogota; facultades que acumulan muertos en lugar de becas y propuestas de mejora. Lejos de amedrentarse, esta joven generación sigue rebelándose a pesar de la brutalidad con la que son reprimidas sus demandas de revisión e igualdad social. Es bochornoso presenciar los medios con los que cuentan las fuerzas represivas en un país con tantas desigualdades y en el que la pobreza es un factor hereditario. La publicidad y los voceros cumplen su papel, como era de esperar. Las campañas de exaltación patriótica estan en todas partes, pero sobre todo en aquellos lugares donde la tradición subversiva y constestataria es más evidente. Para joder, supongo. Sin embargo, las fachadas de muchas ciudades son un termómetro perfecto para medir la capacidad de resitencia de una población que no calla.

Los métodos para captar nuevos integrantes son definitorios. Gentes humildes que fueron desplazadas de sus tierras y que no han sabido comprender quien es el enemigo acaban engrosando las filas del aparato que les había expulsado; se encuentran luchando para defender los intereses de sus verdugos y disparando a lxs que pelean por mejorar las condiciones de sus iguales. El mundo al revés; el absurdo mundo que deja a Colombia, un país empobrecido y preso de los desgnios de sus inversores extranjeros, con una militarización creciente que, lejos de apaciguar sus conflcitos, no hace más que reavivarlos. Así, Colombia tiene el honor de ocupar un aberrante tercer escalón en el podio de las inversiones en seguridad con relación a su Producto Interior Bruto, sólo superado por Israel (8,7%) y Burundi (6,3%). Por no hablar de las cantidades recibidas de forma indirecta desde Estados Unidos en campañas como el famoso Plan Colombia.


 Ante una creciente conflicitividad social, fruto de la expresiones cada vez más descaradas de la desigualdad en el seno de las jóvenes democracias sudamericanas y de los anhelos inalcanzados de una población acostumbrada a la sumisión, la respuesta de los gobiernos, como en el caso de Colombia, es la porra y las balas. Mientras tanto, la educación, el acceso a la información y el trabajo, la industria, la reforma agraria y las políticas sociales se quedan, ahogadas, en el fondo de las agendas.