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viernes, 25 de enero de 2013

MAPUCHES EN LUCHA. O por qué el sur de Chile está repleto de lujosas mansiones europeas.

Hace unos días todas las portadas de la prensa chilena coincidían en la misma noticia. Una pareja de ancianos alemanes fueron asaltados y asesinados en la finca que habitaban por un grupo de nativos de la etnia mapuche. El episodio se enmarca en la creciente situación de crispación que se vive en la Araucania, la región al sur de Santiago, la capital de Chile y que tiene su origen en la usurpación y/o venta irregular de tierras que se produjo a lo largo del siglo pasado por parte, principalmente, de extranjeros venidos de Europa. Los nuevos pobladores consiguieron estos terrenos mediante contratos abusivos, engañando a los antiguos habitantes gracias a la falta de conocimiento técnico delas cuestiones legales que amparaban las condiciones de la venta. Esta circunstancia, unida a la marginación y exhaustiva amenaza hacia las costumbres y las formas de vida de esta etnia -cuyo destino a ojos del gobierno chileno pasa por su disneylización en áreas cercadas y remotas- ha provocado la situación actual de confrontación y aumento de la violencia.

La campaña mediática, por su parte, también ha comenzado a remarcar los casos más extremos de este conflicto; siempre mostrando el lado más morboso y extremo, sin considerar las causas solapadas, el recorrido histórico y las diferentes voces protagonistas. Por su parte, la acción de la Presidencia ha estado dirigida a criminalizar las reivindicaciones mapuches, desplegando un fuerte contingente policíaco-militar y amenazando al pueblo mapuche de aplicar la ley antiterrorista en los procesos de detención y enjuiciamiento. De esta manera el objetivo parece claro: silenciar las causas del problema territorial y social en el que vive desde hace siglos la comunidad indígena del sur de Chile, criminalizar al conjunto del levantamiento con los episodios más extremos de violencia y, finalmente, justificar la represión y el encarcelamiento de los integrantes más activos en los reclamos de la comunidad mapuche.

En mi visita, apenas sí pude recorrer el extremo norte de la Araucania, pero rápido pude comprobar la cantidad de casas lujosas situadas en inmensas fincas con nombres tan poco autóctonos como “My little Paradise” o “Sweet Dreams”. Más allá de la situación de legalidad de estos terrenos es incuestionable que la zona vive una situación de desequilibrio acuciante en el que tres realidades cohabitan un espacio de manera desigual: los nuevos colonizadores, los campesinos mestizos y la etnia mapuche. Y parece que, además de las diferentes condiciones materiales, tampoco existe una reciprocidad en el trato y la convivencia. Si bien es cierto que la cultura indígena de esta zona suele caracterizarse por un cierto aislamiento, la misma consideración podría aplicarse a lxs extranjerxs que vinieron a lo largo del s.XX y que viven, muchas veces, encerrados en sus burbujas de opulencia. Si bien estas características contextuales no justifican la espiral de violencia, si que explican, en cierta manera, la incapacidad para buscar una salida cordial a la problemática planteada. Y es aquí dónde el papel del Estado chileno brilla por su ausencia. La única solución perdurable pasa por un diálogo abierto sobre las causas y raíces del conflicto, la revisión de los contratos y una apuesta decidida por devolver, de alguna manera, los derechos arrebatados a lxs habitantes ancestrales de estas tierras.

Un último dato curioso. La mayoría de la gente chilena con la que he comentado este tema se muestra favorable hacia las reivindicaciones mapuches y argumentan, por lo general, que estas están justificadas por el proceso usurpador cometido hace décadas. Esto implica que el aparto propagandístico no ha conseguido del todo su objetivo y que no hay excusas, para el gobierno de Piñeira, a la hora de plantear una mesa de diálogo entre las partes implicadas. El dispositivo militar no forma parte de la solución. El pueblo mapuche, acostumbrado desde los tiempos de la invasión española a pelear por sus derechos (lxs españolxs nunca pudieron conquistar las tierras al otro lado del río Bio Bio), no se rendirá. Esperemos que no haya que lamentar más derramamiento de sangre y se haga justicia, tarde, pero justicia.

Más info:
- http://noticias.terra.cl/nacional/dos-muertos-en-incendio-provocado-en-la-zona-del-conflicto-mapuche-en-chile,0307a838c16fb310VgnCLD2000000ec6eb0aRCRD.html
- http://www.lanacion.com.ar/1548992-araucania-violenta-la-otra-cara-del-reclamo-mapuche
- http://www.rebelion.org/docs/74335.pdf

domingo, 16 de diciembre de 2012

CONGA NO VA. O cómo un pueblo se rebela contra el negocio minero en el norte de Perú.

El caso del proyecto Conga llegó a mis oídos como suele ocurrir cuando uno está en la carretera... de casualidad; estar en el lugar indicado en el momento preciso. Otro viajero, un alicantino rebelde que va surcando Sudámerica con las ganas y la voluntad de poner su granito en las resistencias locales, fue quién me contó lo que estaba sucediendo en la comarca de Cajamarca mientras nos deslizábamos por una calzada vertiginosa hacia la ciudad de Celendín.

El conflicto se inicia en los 90´ cuando la minera CEDIMIN descubrió los yacimientos de oro de Chailhuagón y Perol. La zona del norte cajamarquino es uno de los parajes más alucinantes que uno puede ver en este continente. Las montañas andinas albergan decenas de lagunas de una hermosura sobrenatural. Por desgracia, la codicia y la avaricia de las grandes mineras junto a las necesidades derivadas de un modo de vida occidental basado en el desarrollismo no contemplan este tipo de virtudes en su agenda de prioridades. La laguna de Yanacocha era una de las más grandes y ahora apenas si contiene agua. Pero el conflicto no sólamente tiene un aspecto ecológico, también es remarcable los impactos sociales y culturales de su puesta en marcha.

La región de Cajamarca (como gran parte del territorio peruano) es un enclave tradicionalmente agrícola y ganadero, con una especial dedicación en la elaboración de quesos, panes y embutidos. Los vertidos de las compañias explotadoras hacia las lagunas y ríos de la zona son uno de los principales focos de discusión de este conflicto que ha dejado ya más de una veintena de muertos. Los recursos hídricos se ven afectados y es la población quién lo paga con su racionamiento y con unos índices de contaminación que hacen peligrar el modo de subsistencia tradicional para una parte mayoritaria de su población. Llegar a Cajamarca y encontrar un sinfín de establecimientos y casas particulares reclamando la paralización del proyecto y de las actividades mineras no hace sino atestiguar el creciente descontento de una sociedad que, sin embargo, no se ha quedado de brazos cruzados.

Policía reprime manifestantes en Cajamarca
 Los paros, las huelgas de hambre, los enfrentamientos con el gobierno y con sus fuerzas represoras no han hecho sino aumentar en los últimos 4 años sin que los intentos de mediación (tibios por otra parte) hayan conseguido calmar a un campesinado que ve como nuevamente se les quiere hacer pasar por el aro del "esto es inevitable y además bueno para todxs". Las imagenes y vídeos que pude observar en el proceso de documentación son escalofriantes. Sin duda, un ejemplo gráfico de cuál es la verdadera realidad en cuanto a las acciones que el gobierno peruano realiza para contrarrestar la resistencia de los pueblos que se niegan a morir: la brutal represión aplastando cualquier tipo de oposición. La policia antidisturbios, verdaderos mercenarios enmascarados, tienen el honor de contar con una veintena de muertos entre sus logros (incluído algún que otro menor de edad), además de otras actuaciones tan honrosas como la incautación de los enseres básicos de lxs campesinxs rebeldes o el derramar sus ollas llenas de frijoles y choclo... no sé si es necesario recordar los poquísimos recursos con los que cuentan y el impacto, por ende, de este tipo de actuaciones. También se ganaron el apoyo popular al impedir los funerales de lxs asesinadxs por ellxs mismxs llegando a lanzar los ataudes al suelo... qué decir de esta macabra barbarie.

Con todo, el proyecto Conga fue paralizado (al menos temporalmente) pero son ya innumerables los gritos que desde la burguesía limeña han puesto en entredicho el mantenimiento de dicha paralización aduciendo razones económicas y de desarrollo. Ni que decir que Perú es uno de los países de la descuartizada Sudamérica en donde mejor se refleja la polarización entre la metrópolis colonial y el resto del territorio nacional. De esta manera, Lima cuenta con la práctica totalidad de las sedes de las grandes empresas y es en sus despachos asépticos en dónde se toman las decisiones que afectan a millones de pobladores indígenas que ven derrumbarse sus pueblos, sus formas de supervivencia y sus modos de vida. El hambre de beneficios monetarios no tiene fin y por ello es fácil preveer que el proyecto volverá a reanudarse.

El colonialismo sigue vivo, interno y externo, de un país a otro y de una casta a la otra. Falta sólo preguntarse, ¿cuántas muertes podrá ocultar el gobierno peruano y sus secuaces mineras como la Newmont norteamericana? ¿Cuántas lagunas, ríos y montañas quedarán por ser envenenadas, saquedas, destruidas antes de que entendamos que es nuestro consumo el motor que hace mover la máquina? ¿Cuánto tiempo falta para que los pueblos indígenas agoten su paciencia y se alcen a sangre y fuego contra nuestro modo de vida y sus saqueos constantes?

Más info:
- http://www.losandes.com.pe/Politica/20111217/59111.html
- http://celendinlibre.wordpress.com/2011/12/20/pronunciamiento-de-organizaciones-sociales-y-las-autoridades-de-la-region-cajamarca-frente-al-dialogo-frustrado/
- Documental "Choropampa: El precio del oro". http://www.youtube.com/watch?v=fG-XBAxLo94

martes, 20 de noviembre de 2012

DEFORESTACIÓN, MINERÍA Y PETRÓLEO EN ECUADOR. Un negocio enmascarado en las sombras.

 Una de las primeras sorpresas que sentí al cruzar la frontera entre Colombia y Ecuador fue ver el grado de explotación de los bosques. Más allá de las innumerables zonas de montaña en las que pareciera que el eucalipto y el pino son los árboles nativos, sorprende aún más el estado de la costa y la absoluta barbaridad que se ha producido y produce contra el bosque protector tropical y los manglares. Inquietado por averiguar cuáles eran las causas de ese grado de deforestación, tardé unos cuantos días en juntar las piezas del rompecabezas, investigar un poco y entender qué es lo que se escondía detrás de algunas de las luces que a veces ciegan el camino del entendimiento.

Al principio, encontré como un gran acierto por parte del gobierno de Correa el estado de las carreteras y además, ingenuo de mí, no pensé en la relación comercial que tenía y las gravísimas repercusiones sobre el medio. Pensé más bien en lxs afortunadxs habitantes del Ecuador que podían disfrutar de unas vías de comunicación que, sin duda, son unas de las mejores de Sudamérica. Pero no vislumbré, al otro lado de la escena, a la gran industria maderera, minera y petrolera frotándose las manos al obtener vía libre para avanzar en un negocio que siempre irá en contra del interés general. Si bien sería absurdo hacer responsable de todo ello al gobierno actual de Ecuador, si que es obvio que el principal promotor de toda esa maquinaria de “progreso” en forma de vías asfaltadas es el lucrativo beneficio que obtiene de ellas las empresas extranjeras y nacionales y que encima es vendida a la sociedad como un triunfo social, sin explicar las nefastas consecuencias que se derivan de una política económica claramente expoliadora y capitalista. De socialista, por tanto, las medidas económicas en materia de producción de Correa tienen poco; y no son más que una continuación de las medidas neoliberales que arrasan por todo el mundo y más aún, de la concepción etnocentrista que desde hace milenios guía las decisiones de los poderosos y que entiende la naturaleza como un medio al cual explotar hasta agotarlo.

Deforestación en la selva ecuatorina
 Pero resulta aterrador que en un país con una diversidad tan increíble se de esta paradoja de explotación de los bosques en sus tres ecosistemas nacionales: costa, montaña y selva. Sin embargo, el origen de este desastre es mucho más antiguo. Como no, de nuevo, la sombra de la larga noche de los 500 años también planea sobre el estado actual de los bosques ecuatorianos. Pero más grave que las tropelías cometidas por los colonos europeos han resultado las medidas de los diferentes gobiernos tras la independencia, siendo los últimos 50 años el escenario más devastador para el tercer país en cuanto a biodiversidad del planeta. Las consecuencias no se han hecho esperar y, en dicha etapa, el ritmo de la tala ha producido graves trastornos no solo medioambientales (erosión de suelos, desertización, pérdida de flora y fauna autóctona, corrimientos de tierra) sino también sociales, ya que con la excusa de cultivar nuevos terrenos (especialmente dedicados a los monocultivos de productos a exportar a los países del Norte como cacao o banano) miles de campesinos y comunidades indígenas comenzaron a talar los bosques atraídos por un dinero que nunca acaba de llegar pues han de enfrentarse con los problemas característicos del mercado capitalista (competitividad, aislamiento, inversiones extranjeras cambiantes) y de los propios cultivos. Y el precio a pagar es carísimo pues están jugando con la estabilidad de los ecosistemas, un bien milenario que precisamente ha sido defendido por los pobladores indígenas de estas tierras.

 Es bien curioso como los países occidentales animan, por un lado, a países como Ecuador a repoblar con especies exóticas de rápido crecimiento mientras ellos (especialmente países como Francia o Estados Unidos) apuestan por especies de crecimiento más lento pero con mejores rendimientos a largo plazo como el cedro o el nogal. Y es que en este campo, también, el Sur no es más que un centro de producción para el Norte y para las oligarquías nacionales y, por tanto, las repercusiones sociales, medioambientales y culturales son, como mucho, molestos inconvenientes que han de ser escondidos, silenciados y falseados. Sólo así se entiende que las mismas culturas que defendían los bosques autóctonos y su función reguladora vayan cayendo, poco a poco, en la lógica capitalista de explotación. Pero, datos fríos aparte, no hay más que dar un paseo por un bosque tropical o una zona boscosa autóctona de estas latitudes y sentir la inmensidad de la vida que albergan. No es casualidad que se hable de la VIDA de los bosques, pues realmente pareciera que estan en movimiento con sus sonidos, olores y colores, otorgando un espacio para infinidad de roedores, insectos, aves, otras plantas, ríos, etc. Y después hacer la odiosa comparación en una zona repoblada. Se te cae el alma a los pies. 

Indígena del Quimsacocha
En el caso de la minería o las extarcciones petrolíferas la jugada es similar. Si bien el actual gobierno esta poniendo en marcha diversas medidas fiscales para evitar el fraude de las compañías, el motor es el mismo. Correa es un presidente que no contempla las repercusiones ecológicas en sus propuestas, como la inmensa mayoría de líderes mundiales. En Quimsacocha (cerca de Cuenca) los pueblos indígenas se negaron a permitir la extracción en sus tierras por miedo a que sus aguas quedaran contaminadas. La frase de Correa es definitoria: “son mendigos encima de una montaña de oro”.
Que más decir.

El pueblo de Ecuador merece una vida más justa, un reparto más equitativo de las inmensas riquezas que alberga el país en el que habitan y merecen también muchas de las políticas sociales que el gobierno de Correa ha puesto en marcha y que son, sin duda, infinitamente mejores que las políticas conservadoras a las que están acostumbrados por acá. Pero que no mientan. Las obras de mejoras de las vías por todo el país no las está construyendo la “revolución ciudadana” como rezan los miles de letreros por todo el país, sino las empresas explotadoras de los recursos naturales de un país que debería preservar mucho más esa herencia ancestral.

Más info:


martes, 30 de octubre de 2012

LA ESCALOFRIANTE MILITARIZACIÓN DE COLOMBIA. Apuntes sobre un estado de sitio encubierto.

Colombia es un país tomado por las armas. Es imposible abstraerse a la aglomeración de polícias y soldados que se acumulan en las plazas, calles y carreteras a lo largo y ancho de su territorio. Con una dotación cada vez mayor de efectivos (625.000 efectivos en el año 2010) la excusa de la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla ya no es creíble. Un oscuro negocio, auspiciado por su socio del norte, se erige en el centro del vendaval, con una sociedad civil cada vez más cansada de las miserias diarias que ha de soportar en pos de una supuesta seguridad que no se traduce en los hechos. Las estadísticas dicen que en Colombia no solo no han descendido los pequeños delitos sino que han aumentado; la guerrilla sigue activa y el los grandes beneficiarios del tráfico de drogas (en ambas trincheras) campan a sus anchas. Sin embargo, las inversiones extranjeras en armamento y equipaciones no paran de aumentar y, si bien es cierto que la gente ve con otros ojos la política de interior del gobierno de Santos (el actual presidente) respecto de la de su predecesor Uribe, el hartazgo es generalizado ante las constantes vejaciones (cacheos, inspecciones de autos y buses, detenciones arbitrarias...) y violaciones de derechos humanos. Sin contar con la proliferación y consolidación de los grupos paramilitares que ejercen la ley del terror en vastas regiones del interior del país.

En un solo trayecto llegué a vivir el absurdo de 3 retenes consecutivos en menos de 30 km que nos hicieron bajar y ser revisados, como si todo ese dispensario en equipamiento no sirviera para comunicarse por radio y avisar de que tal autobus esta limpio. La gente esta cansada. Además, los abultados sueldos de las fuerzas represivas y su actitud de superioridad generalizada respecto de los civiles va causando mella en la sociedad, que poco a poco va aumentando su desprecio por unas fuerzas armadas que no sienten como suyas. Todo atiende a una estrategia sistémica en la que mandan las grandes fortunas y los intereses de los grandes propietarios que ven en las reclamaciones históricas de la guerrilla (muchas veces encarnadas en sectores de trabajadores en la actualidad y ya no en la propia guerrilla) una amenaza patentehacia sus intereses. Si bien es cierto que esta última no ha hecho más que ganarse a pulso la indiferencia popular (cuando no el rechazo), una parte creciente de la sociedad va comprendiendo que todo es una farsa y que el dinero que es invertido en defensa bien podría destinarse a luchar contra las causas de un conflicto que no deja de ser el conflicto de siempre, el conflicto de cualquier parte: el injusto reparto de la riqueza y la acumulación de esta en pocas manos que no hacen más que perpetuar su status sin reinvertir sus ganancias en mejorar las condiciones de la vida del país.

Una juventud cada vez más consciente de su papel en este juego pone de manifiesto cada tanto la inoperancia de un sistema injusto y recibe balas a cambio. Bien lo saben los estudiantes de Manizales, de Medellín o de Bogota; facultades que acumulan muertos en lugar de becas y propuestas de mejora. Lejos de amedrentarse, esta joven generación sigue rebelándose a pesar de la brutalidad con la que son reprimidas sus demandas de revisión e igualdad social. Es bochornoso presenciar los medios con los que cuentan las fuerzas represivas en un país con tantas desigualdades y en el que la pobreza es un factor hereditario. La publicidad y los voceros cumplen su papel, como era de esperar. Las campañas de exaltación patriótica estan en todas partes, pero sobre todo en aquellos lugares donde la tradición subversiva y constestataria es más evidente. Para joder, supongo. Sin embargo, las fachadas de muchas ciudades son un termómetro perfecto para medir la capacidad de resitencia de una población que no calla.

Los métodos para captar nuevos integrantes son definitorios. Gentes humildes que fueron desplazadas de sus tierras y que no han sabido comprender quien es el enemigo acaban engrosando las filas del aparato que les había expulsado; se encuentran luchando para defender los intereses de sus verdugos y disparando a lxs que pelean por mejorar las condiciones de sus iguales. El mundo al revés; el absurdo mundo que deja a Colombia, un país empobrecido y preso de los desgnios de sus inversores extranjeros, con una militarización creciente que, lejos de apaciguar sus conflcitos, no hace más que reavivarlos. Así, Colombia tiene el honor de ocupar un aberrante tercer escalón en el podio de las inversiones en seguridad con relación a su Producto Interior Bruto, sólo superado por Israel (8,7%) y Burundi (6,3%). Por no hablar de las cantidades recibidas de forma indirecta desde Estados Unidos en campañas como el famoso Plan Colombia.


 Ante una creciente conflicitividad social, fruto de la expresiones cada vez más descaradas de la desigualdad en el seno de las jóvenes democracias sudamericanas y de los anhelos inalcanzados de una población acostumbrada a la sumisión, la respuesta de los gobiernos, como en el caso de Colombia, es la porra y las balas. Mientras tanto, la educación, el acceso a la información y el trabajo, la industria, la reforma agraria y las políticas sociales se quedan, ahogadas, en el fondo de las agendas.

viernes, 12 de octubre de 2012

MEDELLÍN Y LA VENTA AMBULANTE. El último reducto ya está en el punto de mira.

Las paredes hablan (Popayán en solidaridad)
Es viernes, 5 de Octubre. Ayer llegué a Medellín, la famosa ciudad de Pablo Escobar que, hace poco menos de 15 años vivía controlada por la mafia del cárter y las promesas de dinero fácil y rápido para una generación de jóvenes sin recursos. Hoy, 15 años después, apenas queda el recuerdo de esos tiempos que lxs paisas (lxs habitantes de Medellín) tratan de borrar de sus vidas, aunque la simpatía por Escobar se respire en las casas de comida del casco viejo. Mientras paseo por la plazoleta de San Ignacio, cámara en mano y ojos bien abiertos, se me acerca un policía pidiéndome la identificación. Piensa que soy periodista. La razón: los fuertes disturbios que hace 2 días arrancaron a escasos metros de donde estamos tras los enfrentamientos entre la ESMAD (la brigada antidisturbios) y lxs vendedorxs ambulantes de la ciudad.

Resulta que el alcalde de la ciudad, Anibal Gavíria, está dispuesto a erradicar el trabajo en negro de las calles de la urbe. Lxs ambulantes, que venden de todo desde que Medellín es Medellín (o desde que el mundo es mundo), al igual que en la mayoría de ciudades colombianas (al menos en las que he estado), están en el punto de mira gubernamental. Al no pagar impuestos, el aparato estatal no recauda lo que debe. Y digo debe porque resulta que esta ciudad se encuentra en un proceso complicado, con unas severas deudas. Tras los años 90, los años de la “droga”, las autoridades locales iniciaron un plan de rehabilitación y modernización bastante importante. De hecho, choca bastante el mantenimiento y funciones de servicios como el metro o el Parque Arví, precisamente por lo bueno y bien hecho en comparación con otras ciudades del país. Pero este proceso, que sirvió para mejorar la vida de lxs paisas (pero, sobre todo, para dar una imagen de progreso y seguridad hacia el turista), claro esta, no es gratis. Y lxs acreedores reclaman su pedazo del pastel con grandes intereses.

Marcha del 3 de Octubre en Medellín
El problema es que esta razón de fondo que plantea el ayuntamiento es muy discutible. En primer lugar, tanto el servicio de metro como la explotación del Parque Arví se hayan en manos de corporaciones privadas adjudicadas a dedo por el gobierno de la ciudad. En segundo término, los precios de ambos servicios ya se hayan lo suficientemente remunerados como para recuperar, con el tiempo, la inversión realizada, siempre y cuando, claro esta, no se hubiera “regalado” su gerencia al mejor postor. Y por último, es muy dudoso que el fin último del ejecutivo sea el que dice, pues implementar el cobro de impuestos a estxs pequeñxs comerciantes parece una obra quijotesca, muy difícil de poner en marcha, si no es borrándolos del mapa por lo menos a la inmensa mayoría de ellxs. Además, solo hay que darse una vuelta por estas latitudes para entender que la venta ambulante es no solo un signo identificativo y cultural aquí, sino el medio más común de ganarse la vida, precisamente para las personas que este sistema, con la connivencia del Estado colombiano, ha empujado a la marginación y a romperse la cabeza buscándose la vida. Personas que son, por supuesto, la inmensa mayoría de la población.

Así pues, el objetivo fundamental debe ser otro. Y hay es donde se intuye que, quizás, este sea salvaguardar los intereses de las grandes corporaciones, especialmente los almacenes y grandes superficies que van abriéndose paso salvajemente condenando al pequeño comercio y al vendedor callejero a una situación cada vez más dramática. Resulta espantoso comprobar como el mundo entero parece dirigirse irremediablemente a las hileras de productos prefabricados en grandes superficies, ofreciendo una calidad mucho peor y encima eliminando infinidad de puestos de trabajo mientras se olvida del mercado, de la plaza, de la calle. Una campaña institucional y mediática en la que la propaganda y la puesta en escena del “nuevo producto” pretenden ahogar, aquí también, a lxs vendedorxs habituales de lxs ciudadanxs. Es el último episodio del expolio. La sociedad colombiana, como el resto de gentes en sudamerica, ha visto como el colonialismo económico ha ido acaparando todos los ámbitos de la relaciones comerciales; y ahora pretende hacer negocio con uno de los últimos reductos: la alimentación y las ventas minoristas. Sin reforma agraria, sin industria nacional y, ahora, sin poder buscarse la calma del día a día. Porque aquí se vive así, al día. Sin embargo, me ha sorprendido la capacidad de una parte importante de la sociedad colombiana, desencantada en general de la política, pero con la suficiente personalidad como para entender las razones de lxs que protestan.

Los almacenes Éxito. La gran amenaza.
Tras darle el pasaporte y comprobar que realmente no estoy allí por motivos periodísticos, el policía me devuelve el documento y se va. Al darme la vuelta entiendo porque se ha pensado que era de la prensa. Una dotación de la ESMAD, parapetada como una especie de guerrerxs del futuro, con unas protecciones que les cubren de los tobillos a la frente, se encuentra preparada para reprimir la nueva marcha convocada por lxs manifestantes. Es la segunda en tres días. Analizando los medios de unxs y otrxs, cuesta creer la noticia de que 2 policías resultaran heridxs. El saldo de la primera concentración se cerró con 40 detenciones, 15 de ellas de menores de edad, y numerosos destrozos en grandes comercios y edificios públicos, especialmente el mega supermercado Éxito (cadena que se extiende como una gran hidra por todo el país) del barrio de San Antonio. Parece, por tanto, que lxs que protestan saben qué es lo que esta en juego, qué intereses se están defendiendo por parte de los poderes públicos y quienes son los enemigos; esto es, las grandes cadenas.

Mientras espero la buseta para volver a Santa Elena, una columna de gentes inunda la calle adyacente. Hay mucho joven y mucha rabia. El enfrentamiento esta servido. La “tranquila” Colombia que venden los tour operadores y la televisión va entendiendo, poco a poco, cuales son los siguientes “requisitos” en el juego neoliberal. Falta saber si no será demasiado tarde, si los tentáculos ya están demasiado preparados y si realmente tienen una alternativa real a este estado de cosas sin tener que derivar en un enfrentamiento social en el que, por supuesto, tienen todas las de perder. Subo al bus. Una columna de humo se levanta sobre Medellín.

miércoles, 3 de octubre de 2012

WAYUU. Un pueblo de luchadorxs.

El grupo indígena más numeroso de Colombia (con un 20% sobre el total indígena) habita las llanuras y páramos desérticos de La Guajira, en el noreste del país. Es un pueblo famoso por su histórica lucha frente a otros pueblos precolombinos y su resistencia frente a los españoles que nunca fueron capaces de someterlo. No fue hasta el s XIX que los gobiernos de Colombia y Venezuela comenzaron su plan de “integración” para estas comunidades que, sin embargo, han conseguido mantener una autonomía única en ámbitos como la administración de justicia o el pago de impuestos. Quien visita el norte de Colombia conoce a estas gentes de rostro adusto y serio, marcado por el calor y el sol, y una historia de saqueos, extorsión y perseverancia en sus ideales.

La pesca, el pastoreo de cabras y el floreciente turismo son las herramientas con las que cuenta este pueblo desplazado cada vez más hacia zonas desérticas en donde se ve obligado a abandonar la horticultura, práctica tradicional en su trayectoria histórica. Pero parece que lejos de terminar, las pruebas del destino siguen firmes y variadas para lxs wayuu. A los problemas tradicionales de los pueblos indígenas actuales hay que sumarle las extremas condiciones ambientales de las zonas en que han sido arrinconadxs, la presencia de la ESMAD (nuestros antidisturbios) en la zona que actúa con absoluta impunidad (llegando a cometer matanzas y violaciones como la de Bahía Portete) y un modelo económico y turístico centrado en el usar y tirar y que tiene en el plástico su musa absoluta. Lo de la ESMAD bien merece un artículo aparte, pues nos hayamos ante un cuerpo paramilitar totalmente legal que ha ido creciendo en los últimos 10 años con el objetivo de aplastar cualquier signo de protesta social; especialmente con los movimientos estudiantiles. Y tres cuartas partes ocurre con el tema del plástico. Sin duda, el mayor cáncer que sufre la totalidad del planeta. Allá por donde he pasado es imposible no encontrar montones de plásticos y envoltorios amontonados: mares, ríos, montañas, valles, desiertos... parece que ya nada escapa a esta maldición tan cotidiana. El desierto de La Guajira no es una excepción al respecto. Es lamentable ver como un lugar tan hermosos y salvaje tiene que soportar esos residuos; un lugar que no esta hecho para el ser humano, pero en el que este es capaz de llegar, asentarse y acabar afeándolo.

Camorristas de la ESMAD imponiendo La Ley en Rioacha
En Camarones, uno de esos pueblitos de pescadores perdidos en los que uno echa el día pescando y tumbado a la bartola, me encontré con uno de los líderes indígenas wayuu más viejos del lugar. Me contó los problemas de su pueblo: la falta de infraestructuras, las promesas incumplidas de los diversos gobiernos estatales, el encarecimiento de la vida y la falta de soluciones a corto plazo, las intrigas sindicales y los favores del poder. Una conversación muy interesante en la que comprobé que aunque la corrupción está en todas partes, también en todas partes esta la honestidad y la lucha humilde de lxs que no descansan en la tarea de ayudar a sus comunidades y hacerse respetar.


En el cabo de la vela y toda la Alta Guajira los problemas que comentaba se acrecientan. A lxs pobladores de estas tierras primero se les persiguió durante siglos, finalmente se les conquistó y ahora, después de la pérdida en personas y en ciertas leyes y estructuras de administración de la justicia popular, resulta que el ejército no llega hasta estas latitudes. Precisamente en Colombia, un país avergonzantemente militarizado. El dato, pudiendo en apariencia no ser malo, es nefasto. Las bandas de asaltantes campan a sus anchas y no precisamente para iniciar un levantamiento popular. El cóctel del atractivo turístico y la falta de recursos de la zona, mezclado con unos tópicos interesadamente idealizados sobre el consumismo y la cultura occidental, recae sobre los jóvenes de Rioacha de forma clara: sus ídolos no son el subcomandante Marcos o el Che sino Messi y Cristiano Ronaldo. Resultado: el aumento de la tasa de pequeños robos, la adicción al pegamento base y la apertura de nuevos centros comerciales con el rostro de los “nuevos dioses”. La mafia ha sustituido al Estado, pero los problemas indígenas persisten.

Lxs wayuu, un pueblo milenario con una rica lengua propia (hablada por el 97% de su población frente al 65% que habla español) y un curriculum de resistencia política y cultural a prueba de bombas, se haya de nuevo en peligro. Con una encrucijada en la que “liberados”como nunca se hayan “prisioneros” para siempre. Ojalá no pierda esta tierra ese aire añejo y autentico que uno puede respirar cuando pasea por el mercado de Uribia y lxs indígenas arrancan un nuevo día, cargados de tradiciones, batallas y nuevos enemigos. 

Más info en:

http://www.verdadabierta.com/la-historia/3202-la-masacre-de-bahia-portete

http://www.revistaescala.com/attachments/439_caracterizaci%C3%B3n-del-pueblo-Wayuu.pdf

http://pueblowayuu.blogspot.com/

http://kaosenlared.net/america-latina/item/31183-ante-la-creciente-movilizacion-social-en-la-guajira-la-respuesta-es-el-esmad.html
 

martes, 18 de septiembre de 2012

EL PLAN NORTE EN QUEBEC. Otra vuelta de tuerca del sistema capitalista.


Enmascarado como un proyecto de “desarrollo sostenible”, esa cuña de nueva acepción que tanto gusta dentro del circo democrático, se presentó el año pasado el denominado Plan Norte, un negocio empresarial que pretende explotar las cuencas mineras del norte de la región. Una vasta zona de bosque boreal, ya de por sí sacudido por una deforestación incontrolada, que ve como ahora es amenazada por la gigante Hydro-Quebec. En esta región viven cerca de 150.000 habitantes indígenas de diferentes clanes: Inuits, Cris, Naskapis e Innus; una región de más de 1.000.000 de km2 que representa el 70% del territorio total de Quebec. Es decir, un nuevo ataque de la máquina capitalista empeñada en esquilmar hasta el último rincón del planeta en pos de un supuesto progreso que ya nadie reconoce como tal.

Al igual que en otras partes del globo, la lucha contra este ataque a los recursos del planeta y a las diferentes formas de vida que llevan habitando esa zona desde tiempos ancestrales no se ha hecho esperar. En Montreal fuimos testigos de como se estaban organizando grupos de personas para apoyar la lucha de los pobladores del norte de Quebec en una acción coordinada de resistencia en la que estos grupos acudirían para permanecer en los bosques y bloquear y sabotear el avance del proyecto. Por supuesto, la maquinaria propagandística ha hecho su trabajo y el proyecto ha sido vendido como un paso más en la explotación “necesaria” para mantener un “desarrollo sustentable” puesto que las políticas neoliberales consideran prioritaria la explotación de las zonas mineras, todo esto sin tener en cuenta, por supuesto, las consecuencias a largo plazo para el ecosistema y los pueblos de esta zona. Con la excusa de proteger el 20 % del territorio con la creación de reservas naturales y proyectos de ecoturismo, la élite financiera pretende explotar el 80% restante entregándoselo a Hydro-Quebec y otras empresas mineras. Es decir, solo vale aquello que produce un beneficio económico y que, además, no tiene una consecuencia positiva en los lugareños pues estos beneficios recalan en el ámbito privado. En este sentido cabe destacar que las empresas mineras acostumbran a no pagar los impuestos a los que están obligados, defraudando al fisco, hecho que en Quebec (y el resto de Canadá) supone un insulto pues la población se ve sometida al pago de unos impuestos indirectos exorbitados.


Por otro lado, es muy interesante la respuesta de una de las activistas indígenas ante el ofrecimiento del gobierno de Quebec: “Yo soy Innu, pero no soy propietaria ni vendedora, yo soy una guardiana del territorio”. Y es que la lógica del capitalismo sólo entiende de precios, de beneficios económicos y de extorsión, pero una vez más, el movimiento indígena da muestras de sus valores y prioridades y esta dejando claro que no será fácil comprarles. El reciente cambio en el poder, ante la victoria del Partido Quebequa, presenta un posible cambio de escenario aunque los protagonistas siguen esperando cual será el siguiente paso de la nueva formación. Las espadas están en alto y todo hace prever que el conflicto solo acaba de comenzar.

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http://rabble.ca/news/2012/04/jean-charests-destructive-plan-nord